Wednesday, June 06, 2007

Hell

Gracias a mi buena amiga Esther, he conocido al libro que me ha cambiado la vida. Imagino que todos vosotros tendréis uno, aquel por cuyas páginas vuestros ojos se deslizaron, devorando con avidez cada línea, perdiendo la noción del tiempo, del lugar, y sintiendo como alguien en algún sitio escribió las palabras que expresaban lo que vosotros lleváis años intentado expresar. Está en francés y estoy leyendo la versión original, pero traduciré un fragmento para poderlo compartir con el resto. El libro es muy corto, pequeño en apariencia (150 páginas) y sin embargo una verdadera bomba atómica: habla de una chica que vive en París, bella, rica, aparentemente perfecta pero que lanza unas reflexiones descarnadas sobre la vida que jamás había encontrado en ningún otro sitio.

Este fragmento es un monólogo que tiene, pensando en alto, sentada en un parque acompañada por una persona bastante especial, un monólogo en el que expresa cosas que lleva callando toda su vida:

"....Vivimos...como idiotas. Comemos, dormimos, follamos, salimos. Una y otra vez. Y otra vez más...Cada día es la repetición inconsciente del anterior: comemos otra cosa, dormimos mejor o peor, nos acostamos con una persona distinta, salimos a otro sitio. Pero todo es igual: sin ningún objetivo, ningún interés. Continuamos, nos fijamos objetivos fácticos. Poder. Dinero. Sexo. Nos apresuramos a alcanzarlos. O bien no los alcanzamos nunca y nos frustramos para siempre, o bien lo conseguimos y nos damos cuenta de que una vez en nuestro poder, dichos objetivos nos dan igual. Y reventamos. Y damos una vuelta más de tuerca. Y cuando nos damos cuenta, tenemos ganas de dar una vuelta más aún, para no luchar en vano, para esquivar la fatalidad, salir de la trampa. Pero tenemos miedo. De lo desconocido. De lo peor. Y lo queramos o no, estamos siempre esperando a que algo suceda. Si no, nos daríamos prisa para que todo acabara, nos atiborraríamos a pastillas, apretaríamos el filo de la cuchilla al afeitarnos hasta que surgiera la sangre...

Intentamos distraernos, celebramos, buscamos el amor, creemos encontrarlo y volvemos a caer. Desde mucho mas alto. Intentamos jugar con nuestra vida para hacernos creer que en el fondo tenemos el control. Conducimos a toda pastilla, rozamos el accidente. Nos tomamos demasiada cocaína, rozamos la sobredosis. Asustamos a los que nos rodean. Algunos intentan hacer algo, otros que ni siquiera se molestan. Algunos nunca están ahí, que nunca dicen nada, pero que firman el cheque a final de mes. Y les odiamos porque dan tanto. Y tan poco. Tanto para que podamos desvanecer en el aire y dejar de ser una molestia y tan poco de lo que verdaderamente importa. Y terminamos por ya no saber lo que verdaderamente importa, precisamente. Los límites pierden claridad. Somos como un electrón libre. Tenemos una tarjeta de crédito en lugar de un cerebro, un aspirador en lugar de una nariz, y nada donde debería estar nuestro corazón, salimos de fiesta, tenemos más casas que verdaderos amigos y 200 números en nuestra agenda a los que nunca llamamos. Somos la juventud dorada. Y no tenemos derecho a quejarnos, porque parece ser que tenemos todo para ser felices.

Y no nos quejamos...Y dejamos la vida pasar, año tras año, muriendo poco a poco en nuestro apartamentos demasiado grandes...."


Pocas veces he leído algo tan humano, tan desesperanzado pero a la vez tan optimista. Voy a seguir leyendo!

Yaerath

1 Comments:

Blogger Elbereth said...

¿¿Me lo dejas??
Que lo pongan de lectura obligatoria en bachillerato!

7:23 AM  

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